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Ríe Río. Así se llama el primer disco de Rodrigo Carazo. Es de 2012. El segundo es de 2016 y lleva por nombre Oír e ir, el título del primero pero leído al revés. El juego de letras bien ilustra ese ida y vuelta de sentidos y contenidos que está en la naturaleza de la canción como género y que en las creaciones de Carazo se encausa con particularidades inconfundibles.

Cordobés criado en Tierra del Fuego y actual habitante de las Sierras Chicas, Carazo asume eso de que se es lo que se escucha. Y el músico escucha para ser. “Yo aprendí escuchando y por ese camino sigo –cuenta–. La música negra es una fuente a la que vuelvo, queriendo o sin querer, atravesando desde las músicas tradicionales de distintos países de África hasta las mixturas afroamericanas como el Góspel o el Jazz. Después está lo que se formalizó en la canción como fenómeno social, como material histórico, como testimonio de la Humanidad: los juglares, los djelis africanos, los trovadores, los payadores. Hasta los poetas del folklore y Los Beatles, que escucho mucho desde mi infancia, además de la música celta entre otras músicas del mundo que me atraen y de alguna manera dejan su huella en lo que voy creando”.

“Me conmueven los comentarios y mensajes acerca de que mi música acompaña el viaje de muchas personas. Creo que es ahí cuando siento la misión de la canción más allá de mí mismo”.

A partir de esos cruces y sus numerosas variables, no resulta sencillo agrupar las canciones de Carazo en una definición sintética. En eso se acerca a la mejor tradición de lo que en algunos lugares llaman, justamente, “canción de autor” y otros insisten con el ya tan intrusado “cantautor”. “De todas maneras me siento cómodo dentro del rótulo cantautor –explica–. Porque si bien trabajo produciendo y arreglando o como instrumentista también, es ahí donde yo elijo mostrar lo central de mis creaciones. Me siento cómodo en esa etiqueta, en el sentido de que sintetiza un poco de que va lo que uno hace”.

–¿Qué relación –o no– hay entre tus dos discos?

–Reflejan distintas etapas de la vida. Ríe Río es el instinto y el deseo. Oír e ir la concreción y el crecimiento. Ríe Río abrió una etapa nueva en mi forma de hacer canciones. Ahí se refleja el contacto con nuevas formas de ver el mundo y está sostenido por una mirada humanizada y desinteresada. Cuando terminé ese disco quise que lo que viniera tuviera relación directa con aquel concepto. Mientras estaba en esa búsqueda, un amigo me hizo observar que si leía al revés Ríe Río podía leerse Oír e ir. No dude ni un segundo. Se había manifestado la magia nuevamente.

–¿De dónde salen tus canciones?

–Del entusiasmo de haber elegido este camino, de ser una persona entregada a la música. Busco que no haya separación entre mi trabajo como músico y mi persona. Siempre hice música, desde niño fui autodidacta. Luego la ambición de crecer como persona me llevó a la valoración constante de la vida y su magia, del universo y lo inconcebible. Ahí se manifiesta el concepto de mis letras y mis armonías. Hacer canciones que sirvan al mundo, acercar luz al mundo y a mí mismo. Esa es la cuestión.

“En Córdoba se reúnen muchos aspectos que la hacen estar muy viva culturalmente. Una cultura que abraza lo Urbano y lo ancestral también”.

–¿Los paisajes que te mueven a componer, lo que algunos llaman inspiración, los encontrás más afuera o dentro tuyo?

–Creo que la existencia es ese encuentro entre el afuera y el adentro. No hay uno sin otro. No soy más que un cúmulo de experiencias y emociones intentando abrirme a la vida en todas sus formas.

–¿Pensás en un receptor ideal cuando escribís y componés?

–Me entusiasmo cuando las personas que escuchan mis canciones hacen sus propias traducciones, se apropian y direccionan el sentido. Prefiero siempre al escucha activo, el que se busca en la canción.

–¿Cómo te llevás con tus canciones una vez que están rodadas…?

–En general me gustan, las escucho, me siguen diciendo cosas, aprendo, critico también. Pero en general me gusta producir y luego disfrutar de eso, no soy muy autodestructivo.

“Chori”, como llaman a Carazo los más cercanos, cuenta que ya está ensayando un nuevo disco del que ignora el nombre. Trabaja también en un documental sobre ‘La Canción’, y un Mediometraje sobre la Isla de Tierra del Fuego, ambos en plena post-producción. Además, articula colaboraciones en  Acción Canción un colectivo de cantautores cordobeses en plena expansión, entre los que están Lucas Heredia, Clara Presta, Clara Presta, Gonza Sánchez y Mari Polé. “También estoy trabajando en los arreglos y la producción artística para otros músicos”, agrega quien sostiene no tener más ambiciones que “seguir conociendo el mundo”.

–¿Qué proyección han tenido tus canciones más allá de Córdoba?

–Salí de la provincia y el país bastante en estos últimos años. Logré generar giras nacionales y visité Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe, San Juan, Mendoza, Chilecito, Bariloche, El Bolsón, Epuyem, Tierra del Fuego, Chaco, Corrientes. También fuera del país, fui premiado en el Festival Internacional de Cantautores de Costa Rica y visité El Salvador, Panamá, Uruguay, Brasil y Chile con mis canciones. Actualmente me encuentro armando una gira por Europa, a partir de invitaciones que van surgiendo de otros artistas para compartir por allá, y también de la paulatina inserción en los festivales de la canción y de las músicas del mundo. Por otro lado, varias tandas del disco Oír e ir han viajado rumbo a Japón.

–¿Qué comentarios apreciás por tu tarea de cantautor?

–Me conmueven los comentarios y mensajes acerca de que mi música acompaña el viaje de muchas personas. Que existen quienes reflexionan sobre las letras, o padres que me cuentan que sus niños les piden alguna de las canciones, que las bailan o cantan. Creo que es ahí cuando siento la misión de la canción más allá de mí mismo.

–¿Cómo es hacer música en Córdoba?

–No me cierra la idea de justificarse a partir de los lugares. Creo que muchos aspectos dependen de uno mismo, de la fuerza que tome o no en su trabajo, de las intenciones, de la dedicación. Así y todo creo que en Córdoba se reúnen muchos aspectos que la hacen estar muy viva culturalmente. Una cultura que abraza lo urbano y lo ancestral también. Sus sierras tiñen a los artistas, las luchas sociales son de altos valores humanos. Los políticos y los zombis son como en cualquier lado, destructivos… pero no les alcanza. Córdoba también es lo afro y el candombe, la canción y el folclore, el jazz y la experimentación. Me saco el sombrero y disfruto mucho ser de aquí.

–¿Qué música estás escuchando en estos días?

–¡Me mudé nuevamente a las sierras y volví a instalar el Vinilero! Estoy escuchando muchas cosas, entre ellas Art Farmer con Bill Evans, Eduardo Mateo, George Duke, Crucis y un disco de música Sirio Libanesa que es increíble.

 

 

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