El Instituto Nacional de la Música (INAMU) realizó en Salta un acto de justicia artística: el homenaje en vida a Daniel Toro, que incluyó la devolución de las licencias de once discos y simples que se encontraban en la colección de Music Hall del Instituto, un compilado de las producciones de Daniel de 1967 a 1984 producido por Víctor Pintos, con una tirada de 800 copias y una edición en vinilo del disco El refranero de mi pueblo, uno de los tantos discos censurados en la dictadura genocida de 1976.

El evento estuvo producido y presentado por el Presidente del INAMU Diego Boris y el periodista Víctor Pintos, quienes en compañía del Secretario de Cultura de la Provincia de Salta Sergio Bravo homenajeron y agasajaron al gran músico popular salteño. El puntapié inicial en la noche inolvidable lo dio Claudio Toro, hijo mayor de Daniel, devolviéndole en su canto la potencia vital y trascendental que da ver a un hijo continuar con su legado artístico. Enseguida se presentó parte un audiovisual producido por INAMU sobre la vida artística de Toro y el músico jujeño Bruno Arias se acercó para fundirse en un abrazo con Daniel e interpretar Zamba para tu adios y Nostalgia mía para el deleite del público que llenó la Sala Juan Carlos Dávalos de la Casa de la Cultura de Salta.

A pesar de la dificultad para hablar que hace décadas aqueja a Daniel Toro, está claro que tiene voz y mucho para decir. Ante un silencio reverencial se dirigió al público: “Hermanos, perdón por no tener más voz, pero tengo el amor más grande por la gente que hizo de mí lo que fui y lo que soy, con muchos colegas y poetas, entre ellos, el principal para mí: Ariel Petrocelli, sabio poeta que en Salta es como Piazzolla. Otro gran colega es alguien que conocí en Buenos Aires y que se llama Julio Fontana, con el hice Escribeme una carta, Zamba para olvidar, Mariposa triste y un montón de cosa más.”

Recordando la época de la dictadura, Toro expresó: “A mi me han prohibido, me llamaron por teléfono (amenazándolo). Yo soy cantor, no soy político, yo soy cantor y ¿quién me puede prohibir a mí que diga las verdades que dicen mis canciones? Esos grupos (los dictadores) hicieron mucho daño, alguno de ellos ya murieron, otros están presos, otros están felices, o creen que están felices, yo estoy acá, vivo, frente a ustedes”.

Y así, en su emocionado mensaje, Toro siguió recordando, reflexionando y agradeciendo: “Todo esto que está pasando se lo dedico a Ariel Petrocelli, José Gallardo y otros grande poetas como Jaime Dávalos, Manuel J. Castilla (cuando nombró a Castilla envió un beso al cielo). Y el Cuchi Leguizamón. Mi hermano el Cuchi. Recuerdo que siempre me encontraba con algún problemita, yo siempre tenía ampollas en la boca, y el me decía ‘anda a la casa que yo te voy a curar’ ¡y qué iba a ir yo si andaba cantando por todos lados! Mi reflexión ante todo estos es que estoy viendo que no me he muerto, que todavía sigo estando, mucho han deseado eso, y otros no, y eso que nunca fui un número uno, pero si he estado entre los mejores”.

“¿Cómo agradecer a Dios? –continua el cantor– A ese Dios que nunca he visto ni lo veré pero que está dentro de mí. Yo lo siento, lo imagino y por él he soñado que el infinito es tan grande que es miles de universos. Y Dios me permite hoy decir todo esto, de hablar con ustedes, de que mi nieta esté llorando ahí, que esté mi mujer, que esté mi hija, que estén colegas míos. A todos ellos a los que siempre voy a querer porque por ellos también soy lo que soy. Amigos, gracias por todo.

Lúcido y locuaz, Toro habla y el silencio de la sala hace inmensa esa diminuta figura. “Yo he andado mucho por Buenos Aires, pero no quiero volver, quiero estar en mi tierra cuando llegue el último día que el cualquier momento puede ser, mañana o dentro de veinte años, pero me voy a ir contento, tengo canciones, tengo mis letras, mis discos, escribí un libro, planté muchos árboles. Agradezco mucho a esta gente que ha hechos esto para mí –concluye–. Parece mentira que los rockeros, porque él es un rockero (refiriéndose a Diego Boris) hayan preparado esto que yo ni siquiera había soñado. Les agradezco, indeciblemente, todo esto”.

Justicia artística, justeza poética para uno de los grandes artistas de la música argentina. Daniel Toro, un ídolo de multitudes, pero no por eso superficial, que recupera sus grabaciones. Recupera su voz, que es la voz del pueblo. Y el esfuerzo muy valorable por parte del INAMU para un homenaje urgente en tiempos de urgencias.

 

 

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