El viernes 7 de abril se presentó en Salta un gran espectáculo de música impulsado por el guitarrista y gestor cultural Carlos Fernando Vargas. En 2015 Vargas editó su disco Encuentros, una amalgama de grandes músicos convocados que dieron forma a lo que podría considerarse una antología del otro cancionero popular. Ese que se mueve con cierta comodidad entre la emergencia y el centro del canon musical.

En esa línea de convocatoria de músicos y cantantes se desarrolló en la sala Juan Carlos Dávalos de Casa de la Cultura de Salta, un espectáculo con muy buena concurrencia de público. Aunque podía quedar cierto gusto a poco si se tiene en cuenta el valor individual de cada uno de los artistas presentes y aún más si se piensa en la conjunción que la noche propició.

Música en el alma, aparece como una instancia más del Ciclo de Intérpretes y Compositores, motorizado por Vargas en conjunto con el Complejo de Bibliotecas y Archivos de Salta, que desde el año pasado busca instalar una agenda alternativa de música popular. Ya lo hizo con actuaciones como las de Juan Falú, Carlos Moscardini, Orozco-Barrientos, Mariana Baraj, Mariana Carrizo, Melania Pérez, La Bruja Salguero, Los amigos del Chango y Javier Ruibal, entre otros. Y que este año arrancó con la presentación de Luciana Jury.

Agustina Vidal

El ciclo que proyecta interesantes presentaciones para este año, tanto, que el desafío pasa también por mudarse a salas más grandes, para incitar al público a explorar esa otra música que retumba desde lo profundo, cuando se callan las voces mal gritadas y los reflectores del marketing folklorero. Es el Ciclo de Intérpretes un ciclo para la resistencia cultural, es una reivindicación de la belleza y la insistencia en busca de reinventar los espacios culturales y artísticos en la Salta de las precarizaciones, entre ellas la de los artistas.

El espectáculo

En orden de aparición se presentaron Hernan Viaggio, con su poesía arenosa, bucólica y emotiva; María Eugenia Vieta que a lo largo de la noche fue apareciendo como un manto de imprecaciones traídas de la profundidad del poema perdido. El primer turno estuvo a cargo de Diego León, un cantor de envidiable repertorio y con la herencia del Cuchi Leguizamón en las letras y en los típicos arranque dialógicos, de tanto admirarlo se le hace homenaje la voz y la canción. Cuatro canciones bien cantadas y magistralmente acompañadas por Carlos Vargas en Guitarra, Esteban Cárdena en Percusión y Juan Carlos Marín en Bandoneón, inauguraron la noche: Potosino y minero, El olvidao, Pastor de nubes, Sin ella vienen los días y el bis diferido con Zamba del Ángel. Tras sus lentes rojos Diego León canta para llorar, llora cantando, sus lágrimas son precisiones en el canto y en alguna que otra nota se encuentra con la caricia que anda buscando.

La fecha no era cualquier fecha y el debido homenaje a la mítica zamba 7 de abril estuvo a cargo del joven violinista Gabriel Mamaní con una sentida y precisa versión. La noche crecía en intensidad y emociones, comenzaba la Dávalos a salamanquearse y a tomar color y calor humano.

El tercer turno fue para Agustina Vidal, exquisita cantante salteña de dilatada trayectoria en grupos vocales y orquestas sinfónicas, que actualmente trabaja en diferentes proyectos. Entre ellos un disco. El repertorio de Vidal, siempre inapelable,  pasó por Peces de Luz, de Carlos Aguirre y Livia Vives, con el descollante acompañamiento del maestro Marín. Tras El último café, con el acompañamiento en guitarra del talentoso Oscar “Gogui” Barbosa, siguió el turno del tema grabado en el disco “Encuentros”: Vidala del sol, de Jorge Giuliano y Alicia Crest,uno de los puntos más altos de la noche, por su interpretación emotiva y brillante. Para el cierre, llegó la vidala Caminito de Orozco-Barrientos. Belleza, notas altísimas, repertorio preciso, emoción a flor de piel, eso demostrò una vez más Agustina Vidal.

Carlos Vargas, Agustina Vidal y Juan Carlos Marín

Con la poesía acariciando los oídos mientras los músicos y sus aparatos organizaban la siguiente presentación la noche ya tenía forma de guitarra y canción. Llegó el turno del tango, del bandoneón punzante de Marín, la guitarra de descuidada precisión de “Gogui” Barboza y la voz tanguera de Anita Brizuela, otra de las artistas descollantes de la escena salteña. Para arrancar, un solo de voz y bandoneón para Garúa, seguido de una gran interpretación de Nada y el remate con Balada para un loco. Intensa como los tangos y fugaz como la noche, Anita Brizuela.

Llega el turno de la música instrumental de la mano (de las precisas manos) del bandoneonista Juan Carlos Marín, maestro de bandoneones en Salta, eximio concertista de múltiples participaciones en discos y grabaciones. Para empezar la zamba Para Martín, también grabada también en “Encuentros”. Luego, con el acompañamiento y la complicidad temeraria de “Gogui” Barboza en guitarra hacen dos tangos de factura propia y se cierne en la sala una noche espeluznante de arrabal frío y lloviznoso. Como garúa firme los acordes la guitarra golpeada con precisión se acompasan y se desacompasan con díscola precisión a un bandoneón fungido en largas noches de trabajo en busca del mango. Juan Carlos Marín es la estampa viva del artista laburante, que coquea y hace su labor con la prestancia de un carpintero o un albañil, exigiéndole a su partner prontitud y destreza. Van y van, sin aflojar.

Carlos Vargas y Juan Carlos Marín, con Mariana Carrizo

La noche va cerrándose y el guión del espectáculo no deja de ofrecer variantes y sorpresas finamente programadas. Se presentan, por primera vez en formato recitado con contrabajo, Hernán e Iván Viaggio. La voz y la forma inconfundible de Hernán, que es quién abre el disco “Encuentros”, con la narración del cuento “El bandoneonista”, se funde con el acompañamiento de Iván, reconocido contrabajista jazzero. Jazz y poesía, poesía jazzeada, say no more. La sorpresa de la noche llega con tierra de los valles en su voz y picardía concientizadora porque sube al escenario Mariana Carrizo, para regalar una tremenda versión de Doña Ubenza.

Antes del cierre a toda orquesta y a toda voz, Carlos Vargas, el artífice, promotor y productor del espectáculo agradece la colaboración de los músicos, el acompañamiento del público y dedica el espéctaculo a Liliana, una docente recientemente fallecida y a todos los docentes en lucha.

En el cierre, todos los músicos todos se juntaron en el escenario para hacer Tonada del viejo amor a cuatro voces, violín, guitarra, contrabajo, bandoneón y bombo.

 

Una noche inolvidable para darle un espaldarazo a la música y a los grandes artistas salteños. Otra producción jugada de Carlos Vargas, que estará presentando el mismo formato de espectáculo con grandes invitados el próximo 25 de mayo en el CAFF de la Ciudad de Buenos Aires.

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