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Por Ricardo Capellano

Introducción

Volver (Gardel- Le Pera) es uno de los tangos fundacionales de una organicidad del discurso melódico, innovadora en su extensión y diversidad expresiva, que fue asumida, progresivamente, por lo mejor de nuestra música popular. Su discurso tiene una forma, difícil de hallar en la cancionística actual, de gran equilibrio compositivo entre música y texto. Su estribillo está estructurado en: apertura, primera inflexión, tensiones que ascienden hacia la inflexión principal y un comentario final. El texto de la principal inflexión, que presenta un cruce melódico entre lo rural y lo urbano, dice: “errante en la sombra te busca y te nombra”.

Se trata de una gran metáfora de nuestra identidad y, a la vez, una premonición del incierto deambular del género tango entre los años sesenta y los noventa. Una metáfora que excede, como sucede con muchas canciones, el propósito narrativo y poético de una de las piezas más profundas y simbólicas de nuestra música popular.

Este escrito es una aproximación a la trama del encuentro de una nueva generación de músicos y el tango que, después de tres décadas errando en las sombras, fue buscado y nombrado.

Género, aire y fragancia

En los tiempos en que popular y popularidad significaban lo mismo, cuando de abajo hacia arriba era una mano única, donde el club de barrio era el punto de partida de un ascenso hacia salones, radios y disco, porque la participación legitimadora del público en cada etapa del circuito era fundamental, el tango se desarrolló como género orquestal y cancionístico. Con centro comunitario en su coreografía, centro creativo en su misterioso equilibrio inestable entre fraseo melódico y marcación rítmica, y centro temático en los conflictos sentimentales y sociales de una población en transformación sociocultural.

La composición musical tuvo una dinámica creativa intensa que, sin entrar en fricciones con la coreografía, presentó innovaciones discursivas que fueron asumidas con naturalidad por el público. Más allá de la anecdóticas confrontaciones de “estilos” (palabra más aplicable a la industria del mueble), se trató de distintas profundidades de las propuestas compositivas, especialmente en cuanto a relaciones e interacción entre los campos rítmico, melódico y armónico y a la concepción orquestal. El desarrollo de estas dinámicas creativas produjo, finalmente, flexibilizaciones y/o rupturas del núcleo rítmico – coreográfico. Algo lógico en un género excepcional cuyo trayecto artístico fue modelado por compositores y poetas.

Dentro de esta dialéctica artística y cultural, tremenda, diversa y compleja, de dos décadas (1955-1976), emerge a fines de los sesenta el movimiento de rock nacional.

Pero esta situación final del género, como organicidad formal, no fue sólo artística. Hubo también factores sociopolíticos y culturales determinantes: la desaparición del circuito popular tanguero, “revolución” fusiladora mediante, la inclinación de una nueva generación de músicos hacia variantes del jazz y el folclore, la irrupción de la industria discográfica prefabricadora de éxitos y la caducidad de aquellos contenidos temáticos en el marco de la profundización de la lucha de clases.

Así, la liberación del tango de los parámetros tradicionales de género, con formaciones menos numerosas pero más exigentes en cuanto a la calidad de los instrumentistas, se fue consolidando como una tendencia cercana al concepto de aire de tango, más lejos o más cerca de la estructura original.

Eduardo Rovira, Astor Piazzolla, Horacio Salgán, Tata Cedrón, Rodolfo Alchourrón, Rodolfo Mederos, Julián Plaza, Atilio Stampone, son algunos de los compositores de la etapa posgénero del tango. Con más audacia creativa que público, con más sótanos que grandes escenarios, con más música que baile, con más ciudad y menos conurbano, más popular y con menos popularidad, con más prestigio y menos ventas de entradas y discos, con más individualismo y menos organización, nunca fue un movimiento alternativo. Y fue tensionado por las agrupaciones jazzísticas y opacado por la masividad y diversidad del movimiento de la nueva canción, posterior al boom del folclore de los sesenta. Un movimiento de alto contenido sociopolítico coherente con sus formas de organización.

Dentro de esta dialéctica artística y cultural, tremenda, diversa y compleja, de dos décadas (1955-1976), emerge a fines de los sesenta el movimiento de rock nacional. Una nueva expresión urbana-suburbana que, de muchas maneras, cierra la etapa de posgénero manteniendo una permeabilidad compositiva con las fragancias tangueras. Muy transparente en obras de Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta, Manal, Moris, Miguel Abuelo, Cantilo-Durietz, Alas, etcétera.

La transmutación del tango: género-aire-fragancia, transparentaba tanto una permanencia cultural profunda como una lenta disolución, en un campo simbólico que expresaba una conflictividad política contemporánea, que atravesaba en sí y entre sí a todas las expresiones musicales, incluidas las experimentales.

Pero esa permanencia transparentaba que algo estaba incompleto, la música se mueve, se desplaza, convive, pero no destruye, no olvida. Y entierra sólo a lo que nace muerto.

Sin embargo, entre exilios, espectáculos turísticos y de exportación, el tango parecía agonizar, ó, más de la época, desaparecer.

Continuará…

 

*Ricardo Capellano es músico, compositor, concertista y ensayista. Se desempeña como Director del Taller de Composición del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla. Su discografía incluye El mundo cero (1993), Cartas al espectro (1994), Hipótesis tango (2007), Concierto tanguero para guitarra sola (2012). Publicó además La música popular. Acontecimientos y confluencias (Atuel 2004), entre otros numerosos ensayos.

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