*Por Ica Novo

El periodista de aquella revista de Córdoba, el amigo Manolo Martín, me preguntó: -¿Por qué no existe una identidad musical cordobesa? Mi respuesta: Todo lo que existe tiene, por definición, identidad. Que algo, en este caso “la identidad musical cordobesa”, sea difícil de describir o demostrar, no significa que no exista.

Mi amigo El Tero perdió su documento de identidad. ¿Podría decirse que no tiene identidad? Sin embargo, cuando sube al bondi tiene que pagarse el viaje, en el kiosco le cobran el agua mineral, y cuando cruza la plaza Vélez Sarsfield tiene que mirar para todos lados porque si no, los autos le prueban su existencia haciéndolo dejar de existir, valga la parajoda, como decía mi viejo.

Las características distintivas de la música de un pueblo nacen de muchos factores: paisaje, historia, costumbres… Pero hay un elemento que sintetiza y contiene dinámicamente todo: el lenguaje. Por algo se define la particular forma de hablar de una región con palabras que aluden a lo musical: se habla de tonada o cantito para describirla. ¿A qué se debe el sabor irresistible de una chacarera santiagueña, o un chamamé correntino, un candombe uruguayo, una rumba flamenca o unos blues afronorteamericanos? ¿Por qué se dice que nadie canta tangos como un porteño? Porque el tango es la forma de hablar de un porteño, es. Si hasta los rockeros de Buenos Aires hacen tango sin querer (y algunos en los últimos tiempos incluso queriendo). ¿Y Rubén Juárez, cantor y músico tanguero nacido en Ballesteros, provincia de Córdoba? ¿Será la excepción que confirma la regla? ¿O la prueba de que los cordobeses podemos cantar todos los géneros como propios? Para aumentar la confusión general (Aldo Pellegrini dixit), nos preguntamos con Borges: ¿es menos inglés Shakespeare porque Hamlet fuera príncipe de Dinamarca? Los que buscan un inmaculado “Made in Córdoba” en el orillo misterioso del canto popular, deberían recordar que la identidad es algo en constante evolución, que pierde y gana elementos día a día, año por año, siglo a siglo.

América, Argentina y Córdoba eran otra cosa antes de los españoles. Se sumó, aunque a la fuerza, la presencia africana. Y entre los siglos XIX y XX llega toda un “Arca de Noé” repleta de italianos, más españoles, árabes, alemanes, judíos, polacos, armenios, japoneses, coreanos, chinos, etcétera. Y eso sin contar los extraterrestres del Uritorco y los jugadores yanquis de Atenas. No lo dudes, Manolo: todos los pueblos del mundo han tenido, tienen y tendrán su canto propio.

Córdoba ha sido lugar de tránsito y encuentro. Acá se canta y se toca de todo. También el Tango es tambor y canto africano en su origen, mezclado con chotis madrileño, fado portugués y canción napolitana.

Oí o leí en un medio periodístico cordobés cuyo nombre no intento recordar, una barbaridad entre grotesca y absurda acerca de que “se cree que los comechingones tenían algún tipo de música”; y, encima, con el grandilocuente y cursi tonito autosuficiente insoportable que adoptan los ignorantes con diploma para disfrazar su impertinencia ilimitada. Parece que todavía hay quienes discuten si los indios tienen o no tienen alma, como se hacía para justificar los crímenes cometidos por “la civilización”. Licenciadísimo: los sapos, los grillos y las ballenas cantan, por no hablar de las gallinas ponedoras de Inodoro Pereyra…¿Por qué no iban a cantar los comechingones? Tal vez, como no quedan vestigios del CD que estaba primero en el ranking musical comechingón de 1491, el agudo historiador al que nos referimos supone que la gente que vivía por acá en esa época no cantaba ni tenía música propia. Hay una riquísima historia musical cordobesa, que se ha nutrido de las guitarras cuyanas, del bombo norteño, de los aires pampas del sur y de todas las regiones del país que llegaron y llegan, a pie, en diligencias, trenes y aviones.

Córdoba ha sido siempre lugar de tránsito y encuentro. Acá se canta y se toca de todo. También el Tango es tambor y canto africano en su origen, mezclado con chotis madrileño, fado portugués y canción napolitana. Y la chaya riojana, cruza de vidala chayera con sevillana. Y la chacarera, canto y pulso indio mixturado con guitarra gitana y percusión africana… ¿Géneros musicales cordobeses? Ante la tesis que niega la existencia de alguna forma musical propia de Córdoba, propongo ésta: todas las formas musicales argentinas son nuestras, porque somos el centro, el corazón (cor, cordis, Córdoba), el meollo de lo argentino, para bien y para mal.

Los etcéteras de esta resumida lista llenarían varias páginas de referentes cordobeses en todos los géneros musicales criollos y/o acriollados. Para muestra bastan los botones de una sotana.

¿Ejemplos? Las canciones de Cristino Tapia, varias grabadas por Gardel, los valses de Edmundo Cartos, los valses, los tangos y el bandoneón de Ciriaco Ortiz, la guitarra, la voz y las composiciones de Armando “El Gordo” Freire, la inmensa obra de El Chango Rodríguez, el tango legendario de Jorge Arduh, el magisterio de Carlos Di Fulvio, las guitarras inaugurales de Luis Amaya, los Homer y Agustín Gómez, el canto de Alberto Sbezzi, el fuelle del maestro Nieto, el cordobesísimo sabor urbano de Sergio Barbosa, el finísimo rock de Daniel Giraudo, la trova de Horacio Sosa, las canciones de Ariel Borda, el rock que siempre se renueva en Córdoba desde hace décadas y que exportó a Buenos Aires en la prehistoria del rock porteño el antiguo ultracordobés tratamiento callejero de “loco” para llamar al amigo, al par, al colega, al cumpa.

Los etcéteras de esta resumida lista llenarían varias páginas de referentes cordobeses en todos los géneros musicales criollos y/o acriollados. Para muestra bastan los botones de una sotana… Y por si fuera poco, el cuarteto, ese folklore urbano en construcción, que contiene la fuerza afroamericana del candombe, la murga y el viejo tango bailable rápido y picadito, el color caribeño de la cumbia y el merengue, el sabor andino del huayno, más la tarantela y el pasodoble de las inmigraciones del siglo XX, la influencia árabe… Todo esto y mucho más (lo indefinible de lo esencial) es el cuarteto, la salsa de Córdoba, la música picante, alegre, decidora y erótica que mueve miles de caderas cada semana con el ritmo indestructible de la realidad, con la cotidiana maravillosa energía de ser lo que somos… Y asumirlo y gozarlo y sufrirlo sin límites ni complejos, en el baile y en la vida. A los que creen que no existe una música popular cordobesa, les sugiero que vayan a un baile cuartetero este fin de semana, o recalen en alguna peña, o se compren en oferta un CD del Chango Rodríguez… Después me cuentan.

 

* Guitarrista, compositor, poeta, cantante, arreglador, productor, Ica Novo es sobre todo un estudioso de la música argentina y uno de los nombres más importantes del folklore de las últimas décadas. En 1992 fue Consagración en el Festival del Folkore de Cosquín. Algunas de sus creaciones figuran entre las más populares y muchas de ellas fueron interpretadas y grabadas por numerosos e importantes artistas: Mercedes Sosa, Peteco Carabajal, Jairo, Cacho Tirao, Los Quilla Huasi, Chango Farías Gómez, Los Nocheros y Soledad Pastorutti, entre otros. Su discografía incluye Cuando el hombre va en camino (1975, editado en España por BASF y reeditado por EDA), El Cafetín Musiquero (1978, editado en España por EDA), Persiguiendo al viento (1992, DBN), Córdoba, la luz del centro (2012, CAMPO realizaciones / Edén Argentina) y Malambo, Malambo (2013, DBN).

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