Clickeá el auricular, arriba a la derecha, y escuchá Cuenta la zamba que un día…, por Matías Martino Trío

¿Cuánto vale una zamba? La pregunta es de las mejores, de las que no tienen respuesta. Es posible que algunos de nuestros afectos y costumbres musicales más profundos tengan que ver con la zamba, lo que objetivamente conocemos y sentimos como la más fecunda entre las danzas incluidas en eso que con más fe que ciencia llamamos folklore. Según la Ley 26.297 de 2007, la danza nacional argentina es el pericón. Pero es evidente que para muchos de nosotros por sobre la ley, está la zamba.

Acaso sea el andar moroso, el aura sensual y candorosa, la elegancia del vuelo melódico que remozado con oportunas repeticiones retoza en la cuadratura de la forma, lo que hace que una zamba sea casi siempre irresistible. A veces recia, a veces compasiva, a veces épica. Siempre galante.

El pecado original del folklore moderno, mito fundacional de un movimiento nativista con una particular idea de lo nacional, es una zamba. La de Vargas. La que Andrés Chazarreta escuchó y transcribió mucho después de que en 1867, en Pozo de Vargas, el general Antonio Taboada, leal al gobierno nacional, derrotara a las montoneras insurgentes del caudillo riojano Felipe Varela a partir, cuentan, de la ejecución de una zamba por parte de la banda.

Sin mitos en las entrañas, hay muchas otras zambas en el cancionero que nos frecuenta y frecuentamos. Las hay sencillas y certeras, como las de Yupanqui; presumidas, como las de Ramírez; nerviosas y fuliginosas, como las de Matus; holgadas sobre bagualas, como las de Leguizamón; o sobre vidalas, como las de Valladares.

Por eso, en términos de afecto, de espesor artístico, y por qué no también de distribución de felicidad, una zamba vale mucho.

Matías Martino, uno de esos cabales talentos del piano salidos de la cantera rigurosa y sabia de Hilda Herrera, publicó hace algunas semanas un disco notable. El otro Salgán, se llama el trabajo dedicado a obras poco frecuentadas del gran pianista, compositor y director. Tiene composiciones originales que están más allá de tango, como Aire de vidalita, que Salgán dedicó a Daniel Barenboim. También están los arreglos de Ay, tirana, gato de José María de Hoyos, y Para qué, una cueca de Carlos Montbrun Ocampo. Y también arreglos de los tangos Por la vuelta y Boedo, que más que como una digresión del Salgán folklórico que propone el disco se podrían interpretar como otras perlas de un lenguaje pianístico superior al servicio de una idea amplia de música argentina.

Pero por sobre todo eso, El otro Salgán presenta dos zambas. De límpida belleza, que sin parecerse a otras evidentemente descienden del más alto linaje del género. Una es la que abre el disco: Cuenta la zamba que un día…,  dedicada a Carlos Gustavino. La otra es La poesía de la zamba y nada menos que Carlos García es su dedicatario. Dos zambas ennoblecidas también por los nombres que las ciñen.

Ambas tienen lo que las grandes zambas: el aire reflexivo, el gusto por los motivos ascendentes que van dejando en el andar melódico más preguntas que respuestas, los recovecos formales de piezas eminentemente instrumentales en las que la danza es un fantasma que se escucha. Y el andar moroso que no es lentitud. Y algo más: la fascinación de venir de una inspiración descentrada del folklore, que además es uno de los grandes músicos argentinos del siglo XX. Ser el fruto distinguido de un talento generoso, que como intérprete y compositor frecuentó muchos de los géneros populares y que por capricho de los rótulos quedó en el tango, en lo que para el folklore, por otro capricho de la misma calaña, sería la otra orilla de la música argentina.

La ejecución de Martino es la de un pianista de grandes reflejos, de sólida técnica y sensibilidad, que combina con solvencia swing y precisión. Por la naturaleza del lenguaje pianístico del compositor, egregiamente solista, la elección de Martino de tocar estas músicas en trío, con los excelentes Mariano Tiki Cantero en percusión y Juan Pablo Navarro contrabajo, presenta riesgos, que en buena medida fueron contenidos en cada interpretación. Alguna forzatura se escucha, pero son minucias, de todos modos, al lado de la felicidad lanzar al aire del que quiera escuchar, no una sino dos zambas de Horacio Salgán.

 

El otro Salgán
Matías Martino Trío
Lazcoz Producciones
2017

 

 

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